sábado, febrero 05, 2005

retazos del mes pasado

Yo soy de esas tontas que siempre ha querido escribir (emocional y disciplinadamente, confío en la posibilidad) y hasta ahora no lo ha logrado. Hace casi una semana, mi butaca enfrentaba un escenario, un sofa, un florero y a la creadora de una Emilia que ha sido permanente inspiración en mi vida. Mi vida, que no es ni corta ni larga, tiene veinticuatro años. Tristemente, y la única atribución que encuentro son ciertas bromas hechas durante una comida familiar, creo tener veinticinco. Que feo! y más triste brotando de mí: pasar por alto los veinticuatro, MIS veinticuatro, que se que son los mejores (aspecto incluso para mi inexplicable). Durante la semana convivo con los de mis múltiples salones, todos de entre diecinueve y veintidos años; e, ironicamente, me siento tanto más sedienta y con todas las puertas que siempre quise (desde los propios dieciocho) con las llavecitas puestas. Sigo, aunque bastante mejor controlada (por no decir ignorada, sublimada, racionalizada), con esa inabarcabilidad hacia mi gente. Me da mucho coraje reconocer lo dificil de juntar a todos y convivir fuera de periodos de viaje muy reducidos y, hasta cierto punto, surreales. Sonará entre bizarro, estúpido y qué se yo cómo más (pa´lo que me importa, es mi/una realidad), pero una de las razones por las que me gustaría tener una pinche boda es por el simple pretexto de armar una bachata de cuatro días, con varios conjuntos y fotografos amigos para evidenciar la misma, en la que reuna a quienes han entrado y salido a y de mi vagón con particular importancia. Y otra de las razones por las que me gustaría ser rica (aparte de para viajar y viajar... aunque admito disfrutar el trabajo que cuesta regalarse un rolín), es para, en caso de que mis invitados no puedan pagarlo, enviarles un ticket de avion para acudir desde donde esten y sin excusas. Qué chingón! Sólo me falta la lana, fijar la fecha y el fulano. Porque otra gran celebración (sólo que muy individual) será el finiquito de mi carrera. Vencidas las dudas y desconfianzas ajenas, me acerco a la licenciatura; cosa tan relativa, en cierto sentido, pero tan significativa para mí. Y perdonenme, pero eso de que la época universitaria es la mejor, buen mito! De disfrute, sólo la satisfacción de andar echando p´alante! De resto, incluso varias tristezas ante la total caída de mi life-long-wanted utopía: una universidad en todo el sentido de la palabra. No llegó, y eso que pise tres (hay que ver cuáles tres, claro). Llegará? Me merezco un lapso de tiempo en el cual vierta la mayor parte de mi concentración, ilusión y reflexión (valgan las tantas ´ones´) en alguna disciplina. Pero no! Estos días pintan para otro lado... que ni yo misma visualizo. Algo bueno? puede ser. Interesante? ojalá. Oxalá, sonó Madredeus, y con esto yo concluyo un momento de licuados, filtros y disparates. ¨Es la superabundancia, que se desborda¨, pieza de Camus... mientras le doy las buenas noches a mis perdidos, abandonados, siempre recordados seres-parte de quien hoy riega el rincón que otro lee... desde tus ojos.